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Los grandes maestros de la vida espiritual están de acuerdo en que en los movimientos del espíritu, el que no avanza, retrocede. Y esto se da porque en cierta medida, y en cierto aspecto, tenemos alma de peregrinos.

Imaginemos, por ejemplo, una peregrinación cuyo objetivo es llegar a una gruta. Esta gruta queda a cuarenta días de camino. Ciertamente puedo detenerme a descansar, incluso debo hacerlo para recuperar las fuerzas y hacer sabiduría de cada día. Ciertamente puedo contemplar el paisaje y admirarme de las personas y situaciones, y para eso también estoy peregrinando. Ciertamente se disfruta cada día, y esto, aquel que peregrinó alguna vez lo sabe más que bien.

Sin embargo, lo que un peregrino jamás se olvida es de la meta. Hay un Espíritu que lo impulsa y que lo llama a recibir plenitud y gozo. Los signos, las personas, las situaciones, todo lo refiere al punto de llegada. Hay algo en la gruta que mueve sus deseos a olvidarse de sí mismo, incluso de sus dolores para alcanzar la realización.

Bien. La meta de estas meditaciones es una gruta. Y esta es la gruta del Resucitado. Vamos a hacer una peregrinación espiritual, lo que no significa que no sea real. Esta peregrinación no es como cualquier peregrinación. En esta peregrinación, sin excluir la meta y la grandeza de esta, en un sentido el camino ya es llegada. Y a su vez quién me espera al final, en la gruta, misteriosamente camina conmigo y su presencia me acompaña. Es decir, camino con Él, hacia Él.

Dice San Pablo: “Sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla (la meta), habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús (…)  Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta (…) Cristo Jesús.” (Fil 3: 13)

Hoy me lanzo hacia adelante. Movido por el Espíritu Santo, y en la continua y amorosa presencia de Dios, entraré en estas meditaciones habiendo sido alcanzado por Cristo. Voy con Él a su encuentro. Es misterioso y real. Es atractivo. El Maestro me llama al discipulado. Hoy le respondo con mi vida: “Aquí estoy Jesús, porque me has llamado”.

El llamado, la iniciativa, vienen de Jesús. La respuesta es mi amén.

Oración inicial – Cuaresma

Oh Jesús. Que tu santa Cruz sea mi luz. Que tu santa Cruz sea mi guía. Cruz de luz y Cruz de vida. Cruz de victoria y de protección. Hoy te abrazo y contigo bendigo todo a mi alrededor. Cruz de bendición y de alegría. Hoy te recibo y te acepto. Comienzo este camino de crecimiento y madurez espiritual cargándote, porque en ti está la salvación, el gozo y la verdad. Gracias Jesús por estos cuarenta días, de la sombra a la luz y de la confusión a la vida.

Metodología de las meditaciones de cuaresma

Cada día de la semana enviaremos una meditación que pretende ser un medio para disponer el espíritu en vistas al gozo de la Pascua y al paso de aceptar a Jesús como Maestro. Cada día de la semana estará dedicado a un tema en particular. Sin embargo, cada semana tiene un mismo espíritu que es el espíritu de los Evangelios. Podríamos llamar a estas meditaciones, “Meditaciones con sabor a Evangelio”.

La estructura de la semana es la siguiente:

Lunes – Angeles.

Martes – Abba.

Miércoles – Enseñanza.

Jueves – Preparación para Domingo.

Viernes – SantaCruz.

Sábado – María.

Domingo – Ofrenda, entrega. (Comienza el jueves)

Explicación:

Lunes dedicado a los ángeles. Martes a contemplar la paternidad de Dios y dejarme amar por Él como su hijo muy amado que en verdad soy. Los miércoles se recibirá una enseñanza sobre algún tema relevante para este tiempo a modo de ir ahondando en los caminos del Maestro. Los jueves son un día de preparación para el domingo. Esto significa que se recibirá una meditación que apunta al domingo, y enseña qué habrá que hacer en ese día (generalmente antes de la Misa). Los viernes están orientados a conocer más sobre la cruz de Jesús para profundizar en el camino de discipulado profundo y de amor entregado. El sábado estará bajo el cuidado de María, y el domingo como ya se dijo es día de entrega, de ofrenda espiritual, y de impulso bendito para comenzar la semana renovados, purificados, en paz y libertad. Respecto del domingo: Tener en cuenta que el domingo es el primer día de la semana. Y recordar también que la palabra domingo significa Domine, que significa Señor. Domine Dios en este día.

Así será durante los 40 días de Cuaresma. Luego durante la semana Santa se enviarán preguntas más reflexivas y en la semana después del Domingo de Pascua unas últimas meditaciones enfocadas sobre todo en la vida nueva del Resucitado, culminando el domingo de la Misericordia.   

A tener en cuenta:

  1. Pasos: Semana a semana, y día a día, se irá explicando cada meditación. Pero en general constan de 4 pasos: 1ero leer la Palabra de Dios que se envía en el mismo texto o se puede buscar en la propia Biblia lo cual es recomendable. Luego se lee la meditación. 3ero orar con la jaculatoria o frase del día. Y por último algunos días tienen una acción concreta a realizar. Y siempre dejar lugar a la creatividad del Espíritu Santo que puede suscitar en mí el deseo de alguna santa acción que no se encuentra en las meditaciones.
  2. Oración: Se recomienda comenzar con una breve oración al Espíritu Santo y luego entrar en los textos. Estas meditaciones son un medio que ayudarán a crecer en el camino del discipulado. Pero son un medio muy limitado. Ayudarán mucho según el espíritu con el que entre. San Ignacio de Loyola recomendaba “determinada, determinación” y podemos agregar: con gozo en el Espíritu y admiración por el Señor.
  3. Jaculatoria: Cada día tiene una jaculatoria final. Una frase que puedo repetir a lo largo del día para vivir en la continua presencia del Señor. La recomendación es anotar la frase o jaculatoria o en el celular o en un papel o simplemente recordarla. Se puede, por ejemplo, programar la alarma del teléfono cada día a las 3 de la tarde que es la hora de la misericordia y la pasión, y leer solo 1 vez la frase. Esto hacerlo cada día. Se puede repetir la frase o la oración cuantas veces me haga bien durante el día. Esto no es una obligación. Son propuestas que pretenden fructificar la vida interior.
  4. Acciones: Algunos días se proponen acciones concretas. Algunas se pueden realizar el mismo día. Otras se pueden dejar para otros días. Lo importante es aplicarlas con libertad. Por ejemplo: un día se reza un denario. Eso se puede hacer en el mismo día. Pero otro día se propone visitar una Iglesia, si ese día no puedo, lo agendaré para otro día. Flexibilidad en esto. Pero realización.
  5. Domingo: Se propone cada domingo hacer una ofrenda a Jesús. Pero esta ofrenda vendrá “cargada” de las oraciones de la semana. Será llevar algo material y depositarlo en algún lugar de la Iglesia. Cada semana será una ofrenda diferente.
  6. Miércoles: Se propone ayuno a pan y agua todo el día. Se puede tomar té o alguna infusión. Se puede variar el pan. Dos miércoles de enseñanza volveremos sobre el ayuno.